Ser positivos nos hace felices y la felicidad favorece nuestra salud. La llamada Psicología Positiva ha venido a revolucionar el concepto actual de felicidad y de salud mental, dirigiendo su atención a las fortalezas humanas, a aquellos aspectos que nos permiten aprender a disfrutar, ser alegres, generosos, serenos, solidarios y optimistas. Porque ser positivos nos hace felices, y porque ser felices nos ayuda a estar sanos.
"La Psicología Positiva es el nombre adoptado para algo que hasta cierto punto se ha hecho en psicología durante mucho tiempo: intentar potenciar lo mejor de nosotros mismos, incluso cuando nos encontramos mal. Estamos abriendo nuevas vías de intervención, especialmente en el tratamiento de problemas de ansiedad y depresión. Queremos no sólo eliminar síntomas, sino que la gente que haya tenido problemas se sienta bien y dichosa. Este es un reto tan formidable como apasionante y la Psicología Positiva está abriendo nuevas dilecciones en este sentido" explica el Profesor Carmelo Vázquez, Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid.
Las nuevas corrientes de la psicología moderna llevan tiempo afirmando que "felicidad es salud". Así, recientes investigaciones apuntan a que las emociones positivas pueden ser potenciadas y ayudan a prevenir la aparición de determinadas enfermedades. No sólo el amor, el humor y la inspiración creativa producen bienestar, sino también el optimismo, la empatía, el altruismo, la ética en el trabajo y el esfuerzo de superación personal.
El optimismo, un sentido de control personal y la habilidad para encontrar significado a las experiencias de la vida se asocian a una mejor salud mental (ej. Seligman., 1998). Se ha hallado que estas variables también mejoran la progresión de enfermedades, aumenta la sobrevida en pacientes terminales e influencian sobre la salud en general.
Petterson, Seligman y Vailant (1988), en un estudio longitudinal de 35 años, encontraron que las personas que a los 25 años presentaban un estilo atribucional pesimista (la creencia de que los eventos malos son causados por factores estables o permanentes, globales e internos y que los buenos son causados por factores casuales, transitorios, específicos y externos) fueron menos saludables en su vida posterior que aquellos que adoptaban explicaciones optimistas a los eventos que les ocurrían. Esta correlación la halló a partir de los 45 años, edad en que el organismo comienza a declinar. Un factor que resultó correlacionar positivamente con una mejor progresión de la enfermedad y con una mejor calidad de vida son las llamadas "ilusiones positivas".
"Hay claves muy relevantes para aprender a ser feliz. Sabemos que nadie nace desdichado. De modo que si se aprende a ser infeliz, seguro que se puede aprender a ser más dichoso. Las relaciones íntimas y plenas con otras personas son una de las claves más importantes, pues al fin y al cabo somos animales sociales", afirma el Profesor Vázquez.
Los tópicos
En general, se está comprobando que la felicidad no depende mucho de los factores externos. Según el Profesor Vázquez, "Intentar definir la felicidad es una empresa condenada al fracaso. Pero cada vez hay más acuerdo en que hay que distinguir entre tener un buen estado de ánimo o sentirse bien (lo que implica sentirse básicamente contento, alegre, abierto a las cosas) y, por otro lado, la cuestión más filosófica de estar satisfecho con la vida".
Las estadísticas más fiables revelan que la inmensa mayoría de las personas, o al menos aquellas cuyas necesidades vitales están cubiertas, afirman sentirse bastante o muy satisfechas con su vida, con independencia de sus ingresos económicos. En los países más desarrollados, el nivel de vida se ha disparado en los últimos 50 años, pero a lo largo de este período la media de satisfacción vital no ha variado en absoluto, mientras que se han multiplicado por diez los casos de depresión y han aumentado en menor medida otras patologías como la ansiedad. Países pobres como la India o Nigeria tienen índices de felicidad mayores que los de países ricos como Japón.
Otros tópicos del bienestar como la educación, el clima, el aspecto físico o el sexo de la persona resultan ser igualmente irrelevantes. Algunas circunstancias externas sí tienen relación con la felicidad, pero mínima y no necesariamente causal: la pareja, las creencias religiosas, residir en países democráticos y ricos (en comparación con dictaduras pobres), evitar ciertos sucesos traumáticos y el tener una vida social intensa. En cualquier caso, es evidente que todas ellas, excepto la última, son factores difíciles o imposibles de cambiar.
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