ALMERIA está seca. Es algo que salta a la vista y que mueve casi a la lágrima cuando se vuelve de algún lugar donde lo que sobra es agua. Paradójicamente, frente a Almería aparece un mar enorme cuya salinidad no se advierte cuando su imagen aparece bruscamente detrás de cualquier montaña. Es la impresión que tiene el viajero que se atreve a alcanzar este último punto extremo, al que no se concibe como lugar de paso. Ese mar de aguas azuladas, y habitualmente serenas, impregna tanto la visión del visitante que ya no le queda espacio para otras realidades. Aunque detrás de esa imagen azul, de mar y de cielo, se esconden nuestros rincones más resecos.
Por esto mismo, parece que la solución para el agua en Almería está en la desalinización. El problema es que la cosa no resulta ni fácil ni barata. En el mismo Cabo de Gata, antes de llegar al pueblo, se erige un monumento a la inutilidad de las soluciones a corto plazo: su desaladora muerta. Bien es verdad que, desde Pujaire ya se nos avisa de la construcción de la de Rambla Morales. Pero los problemas que se derivan de este sistema para obtener agua dulce son muchos, se diga lo que se diga.
Y esto es tan evidente que, en un curso de verano de Huércal Overa, ha quedado claro que las desaladoras no son más que un mal necesario, no una panacea. Aunque, según se asegura también, todas las desaladoras que hay en España consumen menos energía eléctrica que la cementera más pequeña que haya en la península. Y el asunto de la energía es muy importante.
Por eso me alegran noticias como la que se ha dado a conocer en ese curso y que hace referencia a modificaciones esperanzadoras en los procedimientos actuales para la obtención del agua dulce. Y lo primero que llama la atención es que se habla de la energía eólica. Esto sería normal en una provincia donde hay vientos hasta hartarse, pero desgraciadamente aún no hemos aprendido a usarlos eficientemente.
No es más que un proyecto de investigación, pero parece que éste es el camino. Hay algo, sin embargo, que me parece más importante aún que la utilización de la energía eólica. Y es que la central desalinizadora en la que se está pensando aprovechará las corrientes marinas para evitar que la excesiva salinización de las aguas produzca los indeseables efectos que se registran en la actualidad. Por estar situada mar adentro, los procesos químicos se realizan fuera de la costa; y la salmuera, en vez de quedarse en el fondo, es dispersada por las corrientes marinas. Además, resulta que el agua producida será un doce por ciento más barata.
Si, como se asegura, las ventajas para el medio ambiente están aseguradas y si los estudios van por el buen camino, hay que seguir muy de cerca proyectos de este tipo. Porque la energía limpia es algo que nos preocupa a todos los ciudadanos. Y la del viento, que no es más que una derivada de la del sol, puede proporcionar agua para esta tierra reseca.
Además, dicen, su ubicación mar adentro mejorará la imagen de la costa cercana a los municipios y se evitarán las disputas entre unos y otros por evitar su instalación dentro de su territorio. Parece bonito, ¿verdad?